martes, 15 de marzo de 2011

Alicia (Y van dos)

"Era de noche, las calles estaban frías y húmedas. Los últimos dependientes de las tiendas que quedaban abiertas, en su mayoría negocios asiáticos, cerraban la persiana metálica de su lugar de trabajo para descansar antes de que el amanecer diera paso a un nuevo y largo día de trabajo.

Los gatos maullaban entre las sombras. Algún pájaro que otro perdido por la luz cegadora de las farolas piaba sin saber muy bien por qué.

En una calle apenas transitada de día, inhabitada de noche, había algo que trastocaba el paisaje de la mañana y si nos hubiésemos acercado tal vez podríamos haberla visto a ella, una bonita muchacha tumbada en el asfalto, de larga melena rubia, de ojos abiertos hasta el máximo extremo, de tez pálida, gruesos labios pintados de carmín rojo y vestida como una universitaria cualquiera.

Sólo que sin vida.

Y es que si nos hubiésemos fijado más en el cadáver tal vez podríamos haber visto con claridad el hilillo de sangre que corría por su boca, o la enorme raja que tenía en su cuello.

...

Alejandro no sabía de números ni de letras, no podía hablar en un idioma que no hubiera sido el nativo suyo y era imposible que discutiera de un tema que no conociese, él no se las daba de listo.

Tenía 26 años y era de esa generación de jóvenes a la que se les había tachado de no trabajar ni estudiar, de ser “un deshecho de la sociedad”, Pero ¿Qué culpa tenía él de no haber podido pagarse unos estudios adecuados ni de tener tiempo para ello? ¿Y qué culpa tenía él de que las empresas quisieran contratar a gente con esa clase de estudios? Alejandro sabía que la vida de verdad estaba con los amigos y con su chica por supuesto, una encantadora belleza rubia de 20 años que ha diferencia de él si llevaba una vida decente: estudiaba en una universidad pública que se costeaba con unos muy bajos ingresos como becaria en un pequeño cuchitril de mala muerte en el que se dedicaba a archivar papeles una y otra vez sin descansar."


A veces pienso en Alicia, tan perfecta que parece de mentira, aunque claro... Lo es. A veces escribo tonterías que salen de mi cabeza sin pensar mucho, que con suerte se plasman en el papel, con mucha más suerte terminan en el ordenador. Este texto lo escribí una madrugada esperando a que Aarón volviera a casa un pequeño sábado. Si uno se fija en realidad no deja de ser otro principio de la misma historia. Me gusta más el otro.

Si me viérais delante de un folio durante cuatro horas no viendo más que el blanco más blanco sabríais que pienso.

Ante todo quería pedir perdón a Rafa. Tengo ganas de verte, aunque sólo sea para darte un regalo y un tirón de orejas.

Trabajos trabajos, estoy hasta los cojo*** de trabajos...

2 comentarios:

Rafa dijo...

^_~ Ya sabes aquí hay una cama que tiene tu nombre (bueno, hay tres para elegir).
Y sep, me gusta mucho más el otro, aunque, como dices, son cosas que surgen sin pensar.
Me leyó el otro día Patri una cosa acojonante sobre los escritores, animales sorprendentes de poderes oscuros, entes solitarios que no son más que el mecanismo que enlaza un mundo inventado con la realidad, que no deja de ser el reflejo arquitectado por unos pocos de un universo que jamás conoceremos; criaturas que, inimitables e inigualables entre ellas mismas, son incapaces de crear más allá de lo que su propia ensoñación les pinta.
Sea como sea, el regalo será verte otra vez, nena. Un fuerte abrazo

PD me niego a VER Juego de Tronos, soy demasiado friki.

Javi Gallardo dijo...

De tonterías nada! Me encantan esas reflexiones tuyas, no sé que tienen, pero están supercargadas y me siento muy identificado. Luego te sorprendes que te siga mucha gente jajaja